Enemigos Inservibles

A Nuve, que me ofreció el paréntesis.

¿Ante quién te presumes enemigo?  Del hospital a casa. Entremedias el psicoanalista que insiste en recrear en ti, en tu lenguaje, el hilo brillante de las Moiras; resulta que no debiste claudicar cuando con ímpetu hundías las cabezas de tus amigos en la tarta de cumpleaños; resulta que eres un escritor-araña que no ha sabido vivir de otra manera porque no ha sabido escribir de otra manera; que tu escritura alimenta tu nombre ante una escritura que no sabe curarte;  resulta que si algo cambia, cambiará todo. Es la ventaja de la escritura  que tejes: si exageras un poco el poder del viento, el telar  se estremece. No mas altruismo, no mas significantes petrificados que bajo tu regazo encuentran orden.  Te sonrojas ante él por haber creído que, como los molinos de viento, tú también gozabas de caballerosos enemigos; por haber creído que, como Verlaine que a si mismo se bautizó, tú también podrías bautizarte maldito. Aceptas, so pretexto del alta médica, sentarte antes de cada derrumbe, dejando así la teatralidad para otros…

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